viernes, 8 de abril de 2011

A Zaña


A una hora y por ratos por desiertos y pistas rotas, un pueblo fantasma (como Comala). Un alma recorre las calles que otra vez vuelven a la calma, calles que me recordaban a Chulucanas, pero acá están más polvorientas, a una hora de distancia por desiertos y espejismos.

Calles rajadas y escombros en vez de plazas, iglesias saqueadas y piratas que eran la cagada, el sol quemando nuestras caras desde acá hasta trescientos años para atrás. Por las calles ni un alma como en Comala. Ya no nos quedan pestañas, y las caras al rojo vivo rajadas, entre pistas rotas y escombros.
Atravesando el desierto de regreso por una carretera a mil por hora. Hacia algún lugar.

No están rajadas las calles, pero se nos atrapó en el sueño de escombros y plazas rajadas, y la magia va a durar trescientos años, que debes empezar a contar desde hoy. Trescientos años para desiertos atravesar sin parar.

A una hora de Comala.

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