miércoles, 5 de enero de 2011

Desayuno


En la mesa no me dan ganas de desayunar cuando siento que los desayunos no saben rico (nadie toca los embutidos). Hoy no tenía ganas y para alivianar las entrañas me serví café en tazas blancas, frente a mí están con sus caras relajadas Dianita y Fernando, ambos ya alistados para irse a la universidad. Hemos desayunado mirando la tevé que nos hablaba sobre "cómo dormir bien". ¡Pero si recién nos hemos levantado!... Seguimos desayunando cuando entra de sorpresa la señora quejándose porque no le atendieron en el hospital por no haber llevado su DNI. “Es su culpa, pues señora”- le digo. “Sí pues” razona ella y es cuando de pronto, Fernando salva de un brinco la distancia que lo separaba de su mamá y le pone en las narices los embutidos que desayunamos. “Huele agrio mamá, creo que están malos”. Yo me quedo mudo y pongo cara de chiste: “pendejos, ¿por qué recién me dicen cuando ya me los comí?”. Nos reímos mientras sorbo más café; el resto del desayuno ha seguido en calma, sólo Diana ha agregado su frase como final del desayuno: “Bueno, como están malos, mejor para mí”. Me río, calculo que Diana se habrá comido unos tres mil quinientos embutidos. Risas. Exagero, tal vez menos.



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