martes, 2 de diciembre de 2014

Empacar



Chiclayo. Una canción en la voz de Ozzy Osbourne, y un soplido de humo a la ventana, desde donde Lía, la perra de la pensión, me ruega por entrar para jugar. 

Intentar empacar una maleta para viajar antes del anochecer a Piura. Pienso en los planes que me rebalsan la cabeza, pensamientos que no son sólo míos, sino también, de un par de amigos más, respecto a otro viaje que haremos juntos, ésta vez al sur.

Mis amigos de la U ya volvieron o están volviendo a sus ciudades de origen, hoy me toca a mí, acabó el ciclo y viene "la parte de juntarse con las familias en ritos de año nuevo y navidad". Me distraigo. 

Intento empacar mis cosas, mientras de rato en rato encuentro muñequitos que no veía hace mucho tiempo en mi habitación. Cerrar la maleta y cerrar el cerebro para dejar de pensar. A lo mejor pueda dormir un poco en el bus más allá, en el ocaso.

Los recuerdos de los últimos cuatro meses, recuerdos que son muchos, pero que ahí están, enumerados todos, uno a uno en mi cabeza: "uno: tal, dos: tal, tres: tal...", pensándolos en medio del calor que abochorna, mientras que Osbourne sigue con su loca canción: "Paranoid".

Enumerar infinitos recuerdos mientras hay que intentar, también, terminar de empacar.


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